La castañera despistada

Érase una vez una castañera que vivía en una casita en medio del bosque.

Cada otoño se ponía su falda larga, se ataba el pañuelo a la cabeza y salía con su cesta a recoger castañas.

Una bonita mañana, encontró el suelo lleno de algo que parecían castañas.

—¡Qué suerte! ¡Hoy llenaré la cesta enseguida!

Llegó al pueblo con la cesta bien llena, cantando y muy contenta.

Pero, cuando miró detenidamente lo que había recogido, exclamó:

—¡Ay, madre mía! ¿Dónde están mis castañas?

¡Habían desaparecido! De repente, vio algo que se movía. ¡Eran caracoles!

La pobre castañera se había equivocado y volvió corriendo al bosque.

Esta vez se aseguró de mirar muy bien lo que recogía: ¡castañas de verdad, sin cuernos!

Y cuando los niños y niñas salieron de la escuela, allí estaba la castañera, esperándolos con sus castañas bien calentitas.

Y fueron felices comiendo castañas…

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

Antes de llenar la cesta, ¡mira dos veces lo que recoges!

El vestuario de esta historia

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